House at Cala Tamarit | Raúl Sánchez Architects
Tarragona / Spain / 2025
(en)
“…a solid…heavy house.”
This phrase sums up how the future inhabitants— a couple who both work in the digital world and need only a laptop to do so—envisioned their home. And precisely because their work is so immaterial, they wanted their future house to be the opposite: material over immaterial, volume and mass over lightness, experience over immediacy. Accustomed to an environment where all that is solid melts into air, they longed for their home to provide not just shelter, but a tangible, physical experience.
The house takes shape between two exposed, tinted reinforced concrete walls, rendered in beige as required by local regulations. Toward the entrance, these walls fold inward to form a sunken entry courtyard, accessed by a staircase that runs between the two walls. Descending this stair, one enters a world almost disconnected from the exterior—flanked by the heavy concrete walls (weathered and bearing the imprint of their formwork and construction process), with only the sky and interior of the house in view. Inside, the house resists clear spatial hierarchies: rooms take shape as the spaces left between solid blocks that contain storage, bathrooms, or the kitchen. These blocks are staggered rather than aligned, eliminating the traditional corridor. Movement through the house offers multiple paths to the same destination.
The interior experience is therefore fluid and varied, requiring exploration to be fully understood. From the entrance, the atmosphere is intimate and enclosed, yet the view toward the distant horizon is always present. Eventually, one reaches the kitchen, fully open to a landscape of pine trees. From both the kitchen and the entry, one can access the main living room—a double-height space that reveals itself upon crossing the threshold. This room in turn extends toward the entrance courtyard through a more compressed zone, preparing the transition to that outdoor space. Both the double-height living room and the kitchen open onto a large terrace, offering expansive views of the landscape. From there, a descending path leads to the pool area, situated on the edge where the terrain drops into a ravine. On the upper floor are three bedrooms, each with its own bathroom. The basement level houses a playroom, additional bedroom, and storage spaces.
A close reading of the house reveals a play of contrasts: the solidity of the concrete is subtly subverted by how it’s used—cantilevered balconies that seem to lack support, upper planes resting on voids, or a staircase slice that appears to split continuous slabs. This dual reading also applies to the lived experience of the house: enclosed yet open to the landscape; dark yet bright; rough yet smooth. The home resists simple definitions, embracing instead ambiguous qualities that enhance its phenomenological impact.
The selection of furniture follows the same logic, blending classics by Carlo Scarpa, Mackintosh, Le Corbusier, Mies van der Rohe or Miguel Milá (all sourced through FENIX Originals) with art-inflected pieces by contemporary designers like Maxime Halot and Alex Bellotti, represented by EastWest Space in Barcelona. Artworks by Francisco Suárez and Malgosia Jankowska—both from Víctor Lope Arte Contemporáneo gallery in Barcelona—have begun to occupy the walls, which were conceived to gradually host a growing family of art.
The house features radiant floor heating throughout and an efficient aerothermal system for both cooling and heating. Combined with natural cross-ventilation in all rooms, thoughtful orientation and shading strategies, a rainwater harvesting system, and a palette of local and simple materials, the home achieves a high level of environmental performance. Even the concrete was designed to reduce its carbon footprint: much of the Portland cement was replaced with natural pozzolans; recycled aggregates were used in place of quarried stone; and superplasticizers were added to minimize cement usage. Additionally, the façade incorporates larch wood from sustainably managed forests. Wooden “ribs” on the façade provide shade to reduce overheating and help visually conceal windows on the side elevations that face neighboring homes. The house’s layout also responds to the site’s topography: it is partially embedded into the terrain, balancing excavation and backfill. The basement is offset to align with the site's natural terraces.
Located in the idyllic setting of Cala Tamarit, just outside Tarragona, the plot has access from two roads, though entry is only from the upper street. Midway down, the terrain becomes a steep ravine with a slope exceeding 100%, making that lower portion not only inaccessible but practically unusable. The site is oriented northeast to southwest and lies just 150 meters from the sea. All proportions, both in plan and section, follow the golden ratio.
Team:
Architecture: Paolo Burattini, Flavia Thalisa Gütermann, Carlos Montes
Structure consultant: Diagonal estructuras
Engineering/MEP: Marés ingenieros
Quantity Surveyor: Jordi Juncosa
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Photo:
David Zarzoso
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Aluminium carpentry: Jaume Costa
Wooden façades and windows: Ar.Mol
Metal works: Metal Ware
Wooden indoors carpentry: Valles Carpintería
(es)
“…una casa sólida…pesada”
Esta frase resume cómo se imaginaban la casa sus futuros habitantes: una pareja en la que ambos trabajan en el mundo digital, para lo que únicamente necesitan un ordenador portátil. Y precisamente para su futura casa querían todo lo contrario: materialidad frente a inmaterialidad, volumen y masa frente a ligereza, experiencia frente a la inmediatez. Acostumbrados a un entorno en el que todo lo sólido se desvanece en el aire, su futura casa debía aportarles no sólo cobijo, sino una experiencia física.
La casa toma forma recogida por dos muros de hormigón armado visto, tintados, de color beige, según exige la normativa local, que hacia el acceso se doblan y forman un patio de entrada rehundido, al que se accede mediante una escalera que ocupa la franja entre los dos muros. Así, al descender se entra a un mundo sin apenas contacto con el exterior, flanqueado por los pesados muros de hormigón (que están decolorados y muestran los restos del encofrado y el proceso de la construcción), con la única vista del cielo y del interior de la casa. En el interior de la vivienda casi no hay jerarquías, las estancias se forman como los espacios que quedan a uno y otro lado de unos bloques que encierran armarios, baños o la cocina: estos bloques no están alineados, por lo que no hay un espacio de circulación como tal, y el propio movimiento a través de la casa encuentra muchas formas de llegar a un mismo espacio.
La experiencia interior es por lo tanto cambiante y variada, y es necesario recorrer las estancias para entender la casa: desde la entrada el ambiente es más recogido e íntimo, pero siempre se tiene la vista del horizonte al otro lado, hasta que se llega a la zona de cocina, completamente abierta al paisaje de pinos; desde la cocina, o también desde la entrada, se puede acceder a la sala principal, desarrollada en una doble altura que se descubre al atravesar el umbral de acceso; y a su vez, esta sala se prolonga hacia el patio de entrada a través de un ámbito más recogido que prepara la conexión con este espacio. Tanto la sala a doble altura como la cocina se abren mediante una gran terraza a las vistas y el paisaje, y desde esta terraza, se va descendiendo a la zona de piscina, ubicada en el límite donde el terreno se convierte en un barranco. En la planta primera se ubican tres dormitorios, cada uno con su propio baño, mientras que el sótano se dedica a sala de juegos, dormitorio adicional, y almacenes.
Una lectura atenta de la casa desvela un juego de opuestos: la rotundidad y solidez del hormigón armado queda desmentida por su propia disposición, mediante balcones volados donde parece que falta un pilar, pantallas superiores que descansan en huecos inferiores, o la propia grieta por donde la escalera sube a cubierta, que parece romper las losas que deberían ser continuas. Esta doble lectura también se aplica a la propia experiencia de la casa: cerrada e íntima a la vez que abierta hacia el paisaje; oscura y luminosa; rugosa y lisa. Precisamente la casa quiere escapar de etiquetas para moverse en terrenos más ambiguos que potencian la experiencia fenomenológica de la misma.
La elección del mobiliario sigue esta misma idea, combinando clásicos de Carlo Scarpa, Mackintosh, Le Corbusier, Mies Van Der Rohe o Miguel Milá (todas ellas a conseguidas a través de FENIX Originals), con otras piezas más cercanas al arte de creadores contemporáneos, como Maxime Halot o Alex Bellotti, todos representados por EastWest Space de Barcelona. Algunas obras de Francisco Suárez o de Malgosia Jankowska, ambos de la galería Víctor Lope Arte Contemporáneo de Barcelona, empiezan a ocupar algunas paredes pensadas para ir acogiendo una familia creciente de arte.
La casa dispone de un sistema de suelo radiante en todas las estancias, y un eficiente sistema de aerotermia genera el frío y el calor necesarios. Sumado a la ventilación cruzada natural en todas las estancias, a un cuidado control de la orientación y posición de los huecos junto a los elementos que les dan sombra, a un depósito pluvial que almacena y reutiliza el agua de lluvia, y a una selección de materiales sencillos y de proximidad, consiguen una casa medioambientalmente comprometida y de unas elevadas prestaciones energéticas: incluso el hormigón armado se ha ejecutado con el objetivo de reducir su huella de carbono, para lo que se ha sustituido gran parte del cemento portland por puzolanas naturales, se han usado áridos reciclados en lugar de áridos extraídos de cantera, y se han usado aditivos superplastificantes para minimizar el uso de cemento. A ello se añade la incorporación de fachada de madera de alerce, proveniente de bosques gestionados de manera sostenible, que incorpora una serie de ‘costillas’ para generar sombra sobre la propia fachada y reducir el calentamiento de la misma, además de disimular las ventanas situadas en las fachadas laterales, enfrentadas a las casas vecinas. Adicionalmente, la disposición de la casa aprovecha la topografía para asentarse en el terreno equilibrando excavación y aporte de tierras, colocando la planta baja semienterrada, y desplazando el sótano buscando las terrazas naturales del solar.
Ubicada en el idílico entorno de Cala Tamarit, en las afueras de Tarragona, el solar tiene acceso desde dos viales, aunque únicamente se accede desde la calle superior, ya que, a mitad de solar, el terreno se convierte en un barranco con una pendiente que supera el 100%, imposibilitando no sólo el acceso sino el propio aprovechamiento de esa parte. La orientación es noreste-suroeste, y está a apenas 150 metros del mar. Todas las proporciones, tanto en planta como en sección, obedecen a la sección áurea.
(en) “…a solid…heavy house.” This phrase sums up how the future inhabitants— a couple who both work in the digital world and need only a laptop to do so—envisioned their home. And precisely because their work is so immaterial, they wanted their future house to be the opposite: material over immaterial, volume and mass over lightness, experience over immediacy. Accustomed to an environment where all that is solid melts into air, they longed for their home...
- Year 2025
- Work started in 2022
- Work finished in 2025
- Client Private
- Cost <1.750.000€
- Status Completed works
- Type Single-family residence


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